PARADIGMA21

Domingo 16 Mayo 2021

Hace unos meses se arrojó como propuesta de solución para la crisis desatada por el Covid19 los llamados bonos perpetuos. Quien lo propuso fue el magnate especulador George Soros, siendo alabado por todo el espectro político que abarca desde el centro hasta la izquierda más indómita, ofreciendo como válida y legítima (si no la mejor) solución a los problemas de financiación de los países.

Recientemente, en una entrevista concedida a El País, el fundador de Open Society Foundations volvía a hacer campaña por los bonos perpetuos, explicando de manera abierta y descaradamente sesgada el mecanismo del bono a perpetuidad. Así, trató de dar a conocer dicho instrumento financiero de la siguiente manera:

“Déjeme explicarle qué es lo que vuelve tan atractivos a los bonos perpetuos y por qué son una idea poco práctica ahora mismo. Como su nombre sugiere, el principal de un bono perpetuo nunca tiene que pagarse, sino solamente sus intereses. Asumiendo una tasa de interés del 1%, bastante generosa en un momento en que Alemania es capaz de vender bonos a 30 años con una tasa de interés negativa, el servicio de la deuda de un bono de un billón de euros solamente costaría 10.000 millones de euros al año. Esto representa una bajísima relación coste/beneficio de 1:100. Además, el billón de euros estaría disponible de inmediato, en un momento en que se necesita con urgencia, mientras que los intereses deben pagarse con el tiempo, y mientras más tiempo transcurre menor es el valor presente descontado.”

A priori, es un instrumento financiero muy atractivo el que nos ofrece como solución, ya que no hay que amortizar nada del principal, sino simplemente pagar anualmente un interés determinado contractualmente. A todas luces con los plazos propios de este instrumento, que se alargan a 100 años o incluso más, no cabría preocupación alguna sobre el montante que conforma el principal ya que se aleja mucho o indefinidamente en el horizonte temporal. Sin embargo, no olvidemos que el magnate no da puntada sin hilo bajo esa autodefinición de filántropo. Así pues, su fortuna se la debe al Miércoles Negro, cuando con una jugada especulativa bajista atentó contra la estabilidad financiera de Inglaterra al forzar una devaluación sin precedentes de la libra esterlina. Por ello, merece una respuesta la invitación a dinero barato que hace el fundador de Open Society Foundations.

Para comprender mejor la diversidad de instrumentos financieros y el papel que desarrollan cada uno, es realmente revelador acudir al balance de un banco al azar cualquiera:

 

Grágico Balance de un banco

Lo denominado como Common Equity Tier 1 (CET1) responde al capital de mejor calidad, es decir, las acciones propias del banco y las reservas una vez acordado el dividendo a repartir. Bajando en la jerarquía de la composición del balance, tenemos lo que se conoce como Additional Tier 1 (AT1), que responde a aquellos instrumentos que son una mezcla de capital y deuda ordinaria. Es dentro de este grupo donde encontramos los bonos perpetuos. En la valoración que se hace de los mismos, se determina que un porcentaje X corresponde como si fuera capital de la empresa y otro porcentaje Y como deuda. Ahora bien, esta explicación merece ser trasladada al marco de los Estados.

Así pues, en un Estado no existe capital alguno como el capital concebido en el mundo empresarial. No existe una cantidad de dinero depositada por socios fundadores en base a la que se adquieran derechos sobre los beneficios del Estado. Esto, como he dicho, es propio de otro concepto, el concepto de empresa. Además, ¿cómo seguir defendiendo la soberanía nacional y los poderes que de ella emanan si el Estado perteneciera de iure a un grupo de accionistas?

Sin embargo, eso mismo no ocurre con la emisión de bonos a perpetuidad (que se corresponden con los instrumentos considerados como AT1). De tal manera, al ser un híbrido de deuda podría determinar el Estado que es una opción viable y válida para adquirir financiación. Pero, de facto, es la deuda más cara posible ya que, si bien pudiera solventar problemas del hoy, se traduce en una hipoteca para el mañana, un mañana que puede alargarse como mínimo 100 años.

De tal manera, deuda perpetua para el Estado se traduce en obligaciones perpetuas para el mismo. Y, mientras tanto, la otra parte contratante adquiere derechos perpetuos al darle financiación inmediata al Estado. Es decir, tener derechos perpetuos sobre algo te hace de facto dueño de ello. Por este motivo, los bonos perpetuos que propone George Soros no es otra cosa que vender la soberanía nacional y los poderes que de ella emanan a agentes financieros (normalmente privados), pasando el poder fáctico del pueblo a empresas o especuladores. Así, la población del Estado debería responder vía Presupuestos del Estado con una deuda que jamás se amortizará, cargará con unas obligaciones que para hacer frente a ellas se traducirán necesariamente en una subida de impuestos o en recortes de funciones públicas elementales, ya sea la Educación, la Sanidad o la Defensa del Estado. En definitiva, se atacaría la prosperidad individual de los ciudadanos del Estado.

Curiosamente hipócrita cuán alabado y aplaudido fue en el Congreso de los Diputados la propuesta de hipotecar a la ciudadanía. Desde Errejón a Sánchez, pasando por Iceta y demás políticos a sueldo de la Open Society Foundations. La izquierda “obrera” vendiendo a los obreros a la par que la derecha vuelve a callar y no dar guerra. La connivencia lleva a la corresponsabilidad, que jamás lo olviden los partidarios de la tibieza y la laxitud.

A lo anterior descrito, hay que añadirle otra vuelta de tuerca más que propone el magnate, que no es otra que la mutualización de la deuda. Sin embargo, ello da para otro artículo más que adelante igualmente será desarrollado.

Nada más que acudiendo a la definición de iure y las consecuencias de facto de los bonos perpetuos la respuesta que a título particular respondo es un rotundo no. No olvidemos que es en el desconocimiento y la ambigüedad donde los especuladores saben jugar y ganar. La fortuna de Soros da fe de ello.