PARADIGMA21

Viernes 6 Agosto 2021

La realidad sociológica que vivimos en Occidente respecto al Derecho es el iuspositivismo. Es decir, el ciudadano obedece la ley por ser ley, no por ser justa. Se produce una separación absoluta de la moral y la ley, de manera que hay actos que, aun siendo moralmente deplorables, veremos que se deben aceptar. El resultado pudiera ser, incluso, en el peor de los casos, que obrar moralmente estuviera prohibido; y, además, socialmente rechazado gracias a la subversión cultural.

Agenda2030

Por vaivenes políticos y de tertulianos mañaneros, en más de una ocasión ha salido a relucir el concepto de batalla cultural en los últimos meses. ¿Acaso nuestros dirigentes se preocupaban por la divulgación de las maravillas que surgieron durante el Siglo de Oro, por ejemplo? Nada más lejos de la realidad: hacían referencia al uso político de la cultura como herramienta para imponer la hegemonía cultural de Gramsci. Es decir, usar la cultura como arma política para someter al adversario.

¿Por qué tiene tanta importancia la cultura?

Imagen de un cerebro con bocadillos de pensamiento como representación de la cultura en aspectos sociológicos.

La respuesta a esta pregunta se encuentra en que la causa de su relevancia son los fines para los que puede ser utilizada.

Los elementos culturales sociológicamente dominantes acaban teniendo su traducción en los sistemas legales, declaraciones institucionales y normas supremas que rigen a los Estados. De tal manera, terminan siendo la raíz del ordenamiento jurídico que regula las relaciones entre individuos de una misma sociedad; un ejemplo de ello es Estados Unidos, hoy tan de moda, y la Declaración de Derechos de Virginia de 4 de julio de 1776, que servirá como base para la redacción de su Constitución años más tarde, en 1787.

El pueblo estadounidense del siglo XVIII gozaba de una cultura con fuertes raíces cristianas, parte de ellas católicas, al proceder su sociedad de Estados que reprimían la libertad religiosa y, por ende, del hombre. Por un lado, Inglaterra, con un anglicismo opresor que llevó a Guido Fawkes a pretender inmolarse con el Parlamento británico; por otro lado, Alemania, en aquel entonces sumergida en el protestantismo y sus variantes, llegando a ejecutar miles de inocentes de la mano de la Inquisición protestante (y no católica). La hodierna idea popular de la Santa Inquisición española y todo su oscurantismo se viene abajo cuando se miran los números; dato mata relato.

Propaganda británica

La doble liberación (1588-1605). Propaganda británica contra la Hispanidad. Sátira anticatólica y antiespañola que hace mofa de la Gran Armada de Felipe II y de la Conspiración de la pólvora de Fawkes para matar a Jacobo I. En el centro, bajo una carpa, el Papa, un cardenal, el diablo, un alto cargo español y un jesuita planean la destrucción de Inglaterra.

Al final, el colono americano originario escapaba de las perversiones totalitarias resultantes de una fe errónea instigada por un rey depravado, Enrique VIII, y Martín Lutero, uno de los hombres más dañinos para Europa y la Iglesia Católica. Y así, como respuesta a esa prolongada opresión contra la fe, en Estados Unidos veremos el desarrollo de comunidades coloniales que dan espacio a la libertad religiosa, tomando al cristianismo como marco común de convivencia. Más allá del desacuerdo teologal que las escisiones y herejías produjeron, se reconoce a Dios como actor a quien todo se le debe, girando la cultura, la tradición, entorno a Él. Él es la base del reconocimiento de todo derecho a individuos o naciones. Así lo recoge la mencionada Declaración de Virginia en su introducción:

“Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.”

 

Fuente: Paso al Frente

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