PARADIGMA21

Domingo 19 Septiembre 2021

Veo y escucho a muchas personas de distinta índole clamar al cielo desesperadas por lo ocurrido el 6 de enero en Washington con el asalto al Capitolio. Unas dicen que es el fin del movimiento provida, otras que no se puede hacer nada. Igual peco de optimista: en el caos siempre hay una oportunidad.

Donald Trump por Gage Skidmore.

Imagen: Gage Skidmore.

Han pasado cuatro años desde que Donald Trump tomase el poder en Estados Unidos y la esperanza invadió los corazones de millones de personas en todo el mundo que se rigen por los pilares (más o menos) de Dios, Patria y Familia. No voy a negar que yo también me vi arrastrado por ese ímpetu frente a unos años de apabullante dominancia de una izquierda cada vez más globalista, más violenta y más dictatorial. Las cosas como son.

Desde hace mucho tiempo veo y siento que todo en este mundo está atado y bien atado. Que en política nada hay casual y todos los acontecimientos pasan uno detrás de otro como en cualquier guión de película. Puede haber algún sobresalto para el espectador, pero todo sigue su rumbo como el agua sigue el cauce del río. Es la sensación de estar en una barca de la cual no se tiene el control y al que tampoco te dejan acceder.

Este impás trumpista me había hecho olvidar esa visión del mundo y había vuelto a confiar (no sé si esa es la palabra) en un sistema cuya etiqueta de “democrático” parece más digna del frontispicio podrido de un edificio abandonado más que de una palabra viva.

Desde las últimas elecciones en nuestro país con Pedro Sánchez y compañía, y el fraude más que evidente en las de Estados Unidos (“plandemia” de por medio), me ha venido a la mente la imagen recurrente de mi abuelo paterno. Dedicaba horas y horas al día a jugar al ajedrez. Yo, niño ignorante, no entendía cómo alguien era capaz de pensar en tantas variantes de cada jugada con tal de vencer a una máquina.

Eso era antes, y ahora entiendo el porqué de esa imagen en mi cabeza. Como periodista, siempre me ha gustado pensar en la “cara B” de las cosas: ¿cuál es la motivación de esta o aquella persona?, ¿quién se beneficia?, ¿esta pieza en qué parte del puzzle encaja?, etc. Sin saberlo, he estado jugando constantemente a una partida de ajedrez informativa en mi cabeza soñando despierto distintas situaciones con sus agentes involucrados, diversos análisis conceptuales de las cosas.

Hoy en día, este ejercicio mental y sus conclusiones algunos lo llaman “teorías conspirativas”; otros, “thinking out of the box” (pensar fuera de la caja). Sencillamente creo que es una forma de pensamiento independiente de toda propaganda política o mediática. Esto te da la tan ansiada independencia como ciudadano. Paz mental, en definitiva. Me importa un bledo lo que piense la gente de los razonamientos que tenemos muchos de nosotros, ni qué decir de la opinión que tengan de nosotros como personas. Por eso me he hecho esta pregunta estos días con lo acontecido con Donald Trump y Estados Unidos: ¿de qué nos sorprendemos?

Fuente: Rebelión en la Granja

Leer artículo completo